Napoleón y el zar Alejandro I en la balsa de Tilsit, junio de 1807

La entrevista de Tilsit (1807): Napoleón y Alejandro I se reparten Europa


El 25 de junio de 1807, Europa contiene la respiración. En medio del río Niemen (Не́ман), que marcaba entonces la frontera entre los restos de Prusia y el Imperio ruso, una extraña estructura atrae todas las miradas. No es un buque de guerra ni un simple transbordador, sino una balsa monumental coronada por dos pabellones ricamente decorados.

Aquí, en Tilsit (Тильзит), se decide el destino de un continente. Napoleón I (Наполео́н I), en la cima de su gloria tras aplastar al ejército ruso en Friedland, está a punto de reunirse con el joven zar Alejandro I (Алекса́ндр I).


El escenario: una balsa en medio del Niemen

¿Por qué una balsa? Napoleón, maestro de la escenificación, había comprendido la importancia del ego. Reunirse con el zar en la orilla francesa habría sido una humillación para Rusia; acudir a la orilla rusa habría sido una admisión de debilidad para Francia. El centro del río ofrece esa «tierra de nadie» donde dos emperadores pueden abrazarse de igual a igual.

Los testigos de la época describen una escena casi irreal: ambos soberanos abandonan sus respectivas orillas simultáneamente en barcas ricamente engalanadas. Napoleón, más ágil, llega primero a la balsa y da la bienvenida a Alejandro. Las primeras palabras del zar habrían sido: «Sire, odio a los ingleses tanto como vos.» A lo que Napoleón habría respondido: «En ese caso, la paz está hecha.»


La seducción de Tilsit

Durante dos semanas, los dos hombres son inseparables. Pasan horas a solas, sin ministros ni consejeros. Napoleón, el «advenedizo» de la Revolución, despliega todo su encanto para seducir a este Románov místico e indeciso.

El temperamento de Napoleón: Ve en Alejandro a un hombre al que puede manipular mediante la emoción y los grandes proyectos geopolíticos. Lo llama «mi hermano» y halaga su ambición.

El temperamento de Alejandro: Más complejo, el zar está fascinado por el genio militar del corso, pero sigue siendo un diplomático bizantino. Bajo una aparente sumisión, oculta una voluntad férrea de preservar los intereses de Rusia.

Napoleón escribe a Josefina: «Es un hermoso, bueno y joven emperador; tiene más inteligencia de lo que se cree.» Por su parte, Alejandro confiesa a sus allegados que quedó deslumbrado, aunque sin bajar la guardia.


El reparto de Europa: los términos del Tratado de Tilsit

Tras los banquetes y los desfiles militares, las negociaciones son de una frialdad quirúrgica. El Tratado de Tilsit redibuja el mapa de Europa:

El despedazamiento de Prusia: El reino de Federico Guillermo III queda reducido a la mitad. Sus provincias polacas se convierten en el Gran Ducado de Varsovia, una amenaza directa a las puertas de Rusia.

El Bloqueo Continental: Este es el punto crucial para Napoleón. A cambio de la paz, Alejandro acepta cerrar sus puertos a los barcos británicos. Rusia se convierte en aliada de Francia contra Inglaterra.

Las zonas de influencia: Napoleón da a entender a Alejandro que puede apoderarse de Finlandia (a expensas de Suecia) y expandirse hacia el Imperio otomano. En pocas palabras: el Occidente para Francia, el Oriente para Rusia.


Un castillo de naipes

Sobre el papel, el Tratado de Tilsit es una obra maestra. Por primera vez, Napoleón ha pacificado el continente aliándose con su mayor rival. Pero esta amistad está construida sobre arena.

La aristocracia rusa ve con muy malos ojos esta alianza con el «Anticristo» francés, y el Bloqueo Continental comienza rápidamente a arruinar la economía rusa, muy dependiente del comercio con los ingleses. La nobleza de San Petersburgo, que desde los tiempos de Pedro el Grande había adoptado el francés como lengua de salón, no perdona a Alejandro que se incline ante un Bonaparte.

Por su parte, Napoleón se impacienta: se da cuenta de que Alejandro es menos dúctil de lo que esperaba.


La ilusión de Tilsit

La entrevista de Tilsit pasará a la historia como un espejismo: el de una Europa bipolar en la que dos hombres habrían podido repartirse el mundo. En 1810, Rusia reabre discretamente sus puertos a los barcos neutrales, un desaire explícito al Bloqueo. Las tensiones se acumulan. Napoleón lo ve como una traición; Alejandro lo ve como una necesidad económica.

En junio de 1812, cinco años después de los abrazos sobre el Niemen, la Grande Armée cruza ese mismo río en sentido contrario. Comienza la campaña de Rusia, el mayor desastre militar del Imperio. Las realidades geopolíticas y las ambiciones personales habían hecho añicos el sueño de Tilsit, y con él las aspiraciones napoleónicas a dominar Europa.